Conjuntos

Antes del mito: los años que moldearon a Juan Camacho

Sección realizada gracias a Darío Ledesma de Castro y Vicente Font Ribera

La vida de Juan Camacho estuvo marcada desde el principio por una mezcla de fragilidad y determinación. Como ya se ha referido en la biografía, su madre falleció cuando él tenía apenas un año y medio, y su padre murió cuando Juan cumplió los diez. Aquella doble orfandad lo dejó al cuidado de su abuela y de sus tías, una de ellas profesora de piano, que sin saberlo alimentó la sensibilidad musical del niño. En ese entorno, entre disciplina religiosa y libertad callejera, se forjó un carácter inquieto, rebelde y profundamente independiente. Él mismo recordaría años después cómo se escapaba del colegio salesiano, cómo imitaba firmas de profesores o cómo pasaba horas dibujando y vagando por el campo. Esa mezcla de soledad y creatividad sería un sello permanente en su vida adulta.

A los 15 años, en plena explosión del pop-rock valenciano, Juan encontró su primer refugio artístico en Los Satélites (1963–1964). La ciudad vivía entonces un momento de efervescencia musical, con grupos como Los Milos o Los Pantalones Azules abriendo camino a una generación que miraba tanto a The Beatles como a The Rolling Stones. Los Satélites, formados por los hermanos José y Vicente Juesas, Francisco Corral, Vicente García y el propio Juan, recorrían escenarios locales interpretando versiones de Enrique Guzmán, The Shadows o Los Teen Tops. Aquella experiencia, aunque modesta, le dio a Juan una primera noción de escenario, de público y de camaradería musical.

En 1965 inició un recorrido casi incesante por distintos conjuntos, un tránsito que refleja tanto su inquietud como la inestabilidad propia de la época. Ese año se incorporó a Los Ciclones, donde ejerció como guitarra rítmica y voz, actuando en los populares festivales corales del Teatro Apolo de Valencia. Apenas un año después, en 1966, se unió a Los Huppies, con quienes pasó al menos siete meses actuando en Ibiza, un destino que entonces comenzaba a convertirse en un enclave musical y turístico de primer orden.

El siguiente paso fue decisivo: en 1967 se integró en Los Diapasons, uno de los conjuntos valencianos más prestigiosos del momento. Formados por Carmelo Tortosa, Bernardo Adam, Enrique Adam y Plácido Morales, Los Diapasons habían iniciado su trayectoria como orquesta bajo el nombre de Los Texas y ya contaban con un disco editado por RCA Victor. Con ellos, Juan grabó su primer single profesional, publicado a finales de 1967, con las canciones “Hago música rock and roll” y “Demuéstrame tu cariño”. Aquellas grabaciones, frescas y juveniles, capturaban el pulso generacional de una España que empezaba a abrirse tímidamente a las corrientes internacionales.

Pero Juan no era hombre de permanencias largas. Ese mismo 1967 dio un nuevo giro al unirse a Adam Grup, una de las primeras formaciones progresivas de la Comunidad Valenciana, liderada por Miguel Blasco “Adam”. Con ellos participó incluso en el rodaje de la película “Cada vez que estoy enamorada creo que es para siempre”, estrenada en 1968. Era un entorno más experimental, más arriesgado, que ampliaba su horizonte musical.

La trayectoria se interrumpió bruscamente con el servicio militar obligatorio. Juan fue destinado a la Compañía de Regulares de Melilla, donde cumplió meses de disciplina castrense antes de ser trasladado a Madrid y licenciarse en 1969. A su regreso, retomó la música con un breve paso de tres meses por Los Ángeles Negros, conocidos por acompañar al Dúo Dinámico. Fue una etapa fugaz, pero suficiente para mantenerlo en movimiento.

El salto más significativo llegó poco después, cuando se incorporó a Los Relámpagos, el célebre conjunto instrumental fundado por José Luis Armenteros y Pablo Herrero. En un intento de renovar su sonido, el grupo decidió incorporar por primera vez una voz solista, y eligió a Juan. Con ellos grabó en 1971 un single para RCA Victor con “Ella” y “Sobre el andén”. La crítica se dividió: algunos celebraron la calidad instrumental y la voz de Camacho; otros cuestionaron el giro vocal de un grupo históricamente instrumental. Aun así, la experiencia consolidó a Juan como intérprete y lo llevó a replantearse su futuro.

Ese replanteamiento tomó forma gracias a Vicente Moya “Suco”, líder de Los Escorpiones, quien lo animó a lanzarse como solista en 1971, en un momento en que los cantantes individuales comenzaban a ganar protagonismo. Juan empezó a actuar con su propio nombre, incluso imprimiendo carteles con su imagen, y acompañó a Los Escorpiones en actuaciones destacadas como las de la Feria de Julio de Valencia.

Y entonces llegó el encuentro que cambiaría su destino. Juan era un apasionado de los coches y necesitaba uno de segunda mano. Miguel Blasco “Adam” lo puso en contacto con Juan Pardo, que vendía el suyo. Más allá de la transacción —el coche, según Camacho, le salió “malísimo”—, surgió una conexión artística inmediata. Pardo, que venía de triunfar con Los Brincos y Juan & Junior y que ya producía a figuras como Camilo Sesto o Andrés do Barro, vio en aquel valenciano estilizado y de voz poderosa un potencial enorme.

La intuición se materializó en julio de 1973, cuando Ariola publicó el primer single de Camacho como solista, con dos canciones compuestas por Pardo: el rock “Vamos a bailar (Madelina Dunn)” y la balada “Es mi canción”. Era el inicio de una nueva etapa, la primera en la que Juan dejaba atrás definitivamente el circuito de conjuntos —siete en total— para construir una identidad propia.

A partir de ese momento, su carrera tomaría un rumbo completamente distinto, pero esa es ya otra historia dentro de su trayectoria artística.